Mi despertador incluye un reproductor de CDs. Por ende, además de una estación de radio o una onomatopeya predeterminada, puedo elegir despertarme con mi música. Uno podría pensar que es una idea genial, pero en los ya dos (tres?) años de experiencia con el aparato puedo decir que tiene varios inconvenientes. En primer lugar, dependiendo de los humores matutinos que uno suela tener, puede terminar odiando el tema que suena a las siete de la mañana indicando que uno ya no puede quedarse tirado descansando, sino que tiene que salir a… Lo que sea, pero casi cualquier cosa que impida la continuación del sueño es poco placentera. También puede suceder que la melodía de la canción elegida -que, vamos a asumir, es una que a uno le gusta- termine pegada en la mente durante todo el día, sólo para volver a repetirse al día siguiente, y así terminar meses y meses con la misma canción en repeat en la cabeza. Por mucho que uno ame la canción, enough is enough.
El tercer caso me ocurrió hoy, con mi tercera opción (sí, tercera en todo este tiempo) de canción para despertarme. Inicialmente usé Jacqueline, de Franz Ferdinand, en una movida estratégica, visto que el tema inicia suavemente, con un Kapranos casi recitante, para después introducir el grueso de los instrumentos y volverse enérgico. Lo que me sucedía era que me despertaba rápidamente, para evitar oir el momento de estallido que a la mañana y semi dormida no me resultaría para nada agradable (a pesar de que éste es mi tema favorito de la banda). Después de esto, decidí cambiar por How Low, de José González. Había descubierto que incluso una melodía tranquila sin estruendos ni distorsiones extremas podía despertarme fácilmente, por ende resolví que no me molestaba remolonear un par de minutos y me permití algo más establemente tranquilo. Pero el tiempo pasó y llegó un punto en que ya no podía soportar los primeros acordes del tema, y no quería llegar a odiarlo, por ende tuve que volver a cambiar, lo que me lleva a mi canción de despertador actual: Horse and I, de Bat For Lashes.
Ésta no había presentado ningún problema hasta hoy. Debo hacer notar especialmente el inicio de la canción, ese tun-tururún-tun-tururún-tun-tun (en el video aparece después de una pequeña introducción en el piano). No es un sonido habitual, digamos, pero he aquí la situación: desde hace aproximadamente una semana el piso de arriba está en obra, y andan golpeando por la mañana. Afortunadamente, tengo una gran habilidad para dormir con ruidos, y éstos no me despiertan. Sin embargo, hoy entre sueños, digamos, un 87% dormida y un 13% despierta, empezó a sonar mi despertador. No sé si a la vez estaba sonando algún martillo o taladro o lo que sea que usan para romperme la cabeza en el décimo piso, pero en algún lugar de mi subconsciente, la melodía de Horse and I se convirtió en un ruido ensordecedor de obra.
Por lo pronto, recién escuché el tema y no me produjo ningún tipo de rechazo, pero de repente me vino un pequeño miedito de condenarlo a la categoría de ruido por algún tipo de asociación onírica con la obra. Quizás sea mejor despertarme con un beep.








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